sábado, octubre 14, 2006

LA RESIDENCIA NÚMERO 13













LA RESIDENCIA NÚMERO 13


Se esconde la luz a los ojos del anciano.
Cataratas secas de lágrimas; como telas de araña arañan su niña.
Sus ojos que fueron azules se han apagado ante un cielo ceniciento, su niña la de su sangre, le ha dejado en la residencia del olvido.
No quiere recordar, los recuerdo se han convertido en lanzas que hieren su alma.
Pasea por la arboleda todos los días de otoño, cuando las ramas de los árboles no aguantas las hojas secas de su libro. Sus párpados quiere apagase, sólo escucha los trinos de pájaros que olvidaron comer de los trigales,
Los campos se han llenado de hormigón y la aluminosis ha contaminado la residencia número 13. El viejo reloj de cadena que heredó de su padre se acaba de parar
Nimbos en formas caprichosas le invitan a la fiesta de los cielos, pero son grises emplomados
Las campanas de la iglesia tañen a difunto, se toca su cabeza; un viento otoñal le arrancó su txapela.
Maldito otoño dijo el viejo de la residencia número 13
Al otro día su habitación la ocupó otro.
Los gorriones anidaron en su txapela durante varias primaveras, y se alimentaron de su quintaesencia longeva

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